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Iluminación de orientación En muchos edificios la iluminación de los pasillos es deprimente. A pesar de que estos espacios son fundamen-tales 20 a la hora de permitir una buena movilidad, no suelen resultar estimu-lantes ni tan siquiera agradables. Su ubicación habitual en el centro del edificio permite muy poco acceso a la luz natural o a tener vistas del exte-rior. Como en general se consideran espacios auxiliares, en lo referente a la iluminación rara vez reciben algo más que una atención mínima. Si el pasillo tuviese una analogía en la naturaleza, ¿cuál sería? En un paisaje abierto, nuestro campo de visión tien-de a abarcar un cielo luminoso arriba y un suelo abajo. El paisaje circundante por lo general ocupa el elemento ver-tical de nuestra vista. De manera que solemos tener luminosidad por arriba, con un suelo más oscuro y superficies verticales. Esto no es la típica expe-riencia de un pasillo en el que las lu-minarias empotradas dirigen la luz al suelo y dejan el techo relativamente oscuro. En una versión exagerada de esta ex-periencia visual, el pasillo habitual se asemejaría a una cueva, con la luz diurna del exterior que ilumina el sue-lo y deja el techo en la oscuridad. En una cueva, la luz brillante indica luz diurna y salida. La oscuridad es señal de que uno se aleja del exterior para adentrarse en lo desconocido. Ser consciente de esta respuesta supo-ne poder mejorar la forma de orientar en espacios interiores sin tener que utilizar muchas señales. Asegurarse de que los niveles de luz aumentan ha-cia la salida y en los espacios abiertos puede ayudar a dirigir a las personas a estas zonas y alejarlas de las zonas de servicio y privadas más oscuras.


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